THE ALX ZONE: febrero 2007



CINCO TIPOS DE PERSONAS EN LAS QUE ES MEJOR NO CONFIAR...

27 febrero, 2007

Si en todo este tiempo he aprendido algo, es que existen al menos cinco tipos de personas en las que es mejor no confiar:

Los poetas
No, no puedes fiarte de un poeta. Hay algo retorcido en quien se expresa usando la poesía, algo masturbatorio y sonrojante (aparte del hecho de que son unos chapas). Los poetas pasan innumerables horas de su tiempo mirando hacia adentro y acaban por perder el norte. La poesía, por definición, distorsiona la realidad; nótese que a menudo los que se autodenominan poetas escriben sobre sí mismos: el combo es mortal. Prueben a escribir unos cuantos versos y contemplen el resultado, probablemente tendrán delante un montón de mentiras. Los poetas las ponen todas por escrito y se las hacen leer a los demás. No sé cómo se llama eso, pero que no cuenten conmigo!

Las personas que por norma llegan tarde
Si hay algún indicador infalible de que una persona es terriblemente egoista y se la suda todo, es este. Ojo con ellos, frecuentemente se trata de gente popular, carismática o peculiar que usará estas virtudes como cortina de humo. No se dejen engañar. El subtipo “que por norma llega tarde y ni siquiera avisa” es tan abominable que reunir las palabras necesarias para describirlo implicaría hacer pasar a mi cerebro por una tortura sináptica salvaje que mi médico de cabecera no aprobaría.

Los que dicen no tener prejuicios
Estos quieren ser amigos de todo el mundo. La mayoría son unos mentirosos, unos cobardes y unos exhibicionistas. Además, probablemente tienen prejuicios muy graves contra la gente que tiene prejuicios. La mayoría harán gala de su ausencia de prejuicios delante de un montón de personas, pero una conversación en privado les pondrá al descubierto. No se engañen, nadie escapa a los prejuicios. Cultívenlos, forman parte de su personalidad más auténtica y genuina. Por otro lado, lo que la gente comunmente entiende por ‘prejuicio’ es un ‘postjuicio’. Yo, por ejemplo, tengo un postjuicio contra los argentinos. Si usted no lo tiene, aunque sea un poco, es probable que sea una persona despreciable y no debería estar aquí manchándome la casa.

Personas que utilizan la expresión “como yo siempre digo”
Muy peligrosos. Parecidos a los poetas, pero generalmente con menos seso, un desmesurado complejo de inferioridad y mucha necesidad de atención. Huelga decir que la frase que “ellos siempre dicen” jamás es suya (aunque ellos así lo creen).

La gente que cambia a menudo de corte de pelo
Esta es gente invariablemente insoportable, egocéntrica y caprichosa cuya estabilidad emocional es la misma que tengo yo cuando me subo a una montañita que incluye, en orden ascendente: una pelota de fútbol, una tabla de planchar, un rodillo de cocina, un caballete, la mancuerna de una pesa y un aplique de escritorio. Ni siquiera sé lo que es un aplique de escritorio, así que háganse una idea.

No se equivoquen, sigo de buen humor por el otoño; sólo me pareció que era importante que supieran todo esto (de nada, sólo lo hago por el reconocimiento y la bebida grátis).


HALLADO EN MEKATHARRA...

LIBROS MOLESTOS PARA ALGUNOS...

11 febrero, 2007


LA REALIDAD:

1 “No te sorprendas si ves que la empresa te tutea: no eres más que un número, un elemento minúsculo de la organización”.

2. “El trabajo es un bien; el empleo, un privilegio. ¿Tienes curro? Aprovecha esta suerte, de la que mucha gente se ve privada”.

3. “Entrega tu tiempo sin hacer cuentas. Es la condición para conseguir un trabajo estable y conservado”.

4. “La empresa espera mucho de ti, pero no te debe nada a cambio. Es así, son «las duras leyes de la economía». No tienes opción, porque no hay futuro, convivencia, vida y desarrollo de la personalidad fuera del trabajo-empleo”.

5. “Acepta las reglas del juego. En la empresa todo el mundo es igual, y por ello solo triunfan los mejores. Quienes han instituido las reglas existentes son quienes ocupan los niveles más altos; los más competentes. En cuanto a ti, si no triunfas, no es porque la partida sea de­sigual sino porque no te lo mereces. Así que, en caso de fracaso, cúlpate solo a ti mismo”.

6. “Sé dócil y flexible. El consenso es primordial; más vale equivocarse en grupo que tener razón solo. Lo que cuenta es avanzar todos juntos, sin que importen la dirección o los medios empleados. Quien se atreva a expresar una opinión discordante se verá acusado en nombre del inte­rés general”.

7. “No creas demasiado en lo que haces: sería inútil y has­ta contraproducente. Las personas que se toman en serio las tareas que se les confían son individuos molestos, in­cluso fanáticos, que ponen en peligro el sistema”.

8. “Acepta sin rechistar el universo de la empresa. Los eje­cutivos con los que tratas en tu trabajo son mayoritaria­mente blancos, franceses de pura cepa, retoños de las cla­ses medias, heterosexuales y, en las altas esferas, varones. No te extrañe: los extranjeros tienen menos títulos que los franceses, los gays tienen más problemas de integración que los demás, las mujeres tienen menos tiempo que los hom­bres para dedicado a su trabajo, etc. Repítelo conmigo”.

9. “Practica hasta repetir con convicción: es imprescindi­ble que se constituyan empresas globalizadas, las empre­sas necesitan flexibilidad, el paro de los trabajadores no cualificados es duradero, el sistema de las jubilaciones es una carga demasiado pesada para la sociedad. Cuando ha­yas terminado empieza de nuevo, hasta que estés conven­cido de lo que recitas”.

10. “Asume el credo del ejecutivo: el futuro es de las empresas adaptables, que trabajan vinculadas a una red con una multitud de eslabones, provistas de una organiza­ción de trabajo en equipo o por proyectos, orientada a la satisfacción del cliente. En un entorno hecho de «incerti­dumbres» y «complejidades», es la única forma de avan­zar. Si no lo crees, no hace falta que vengas a trabajar ma­ñana”.

1. “Emplea con parsimonia las siguientes palabras: es­tructuras, funciones, carrera, gestión, planes, objetivos, je­rarquía, estatuto. Ya no están de moda. Evidentemente, si trabajas en una gran empresa, todas estas cosas siguen existiendo, y además se mezclan con el mandamiento an­terior, lo cual complica más aún las cosas. Pero, amigo, ¿eres tú el que tiene que esforzarse para que las cosas en­cajen, crees que te pagan por eso?”

LA SOLUCION:

1. “El asalariado es la figura moderna de la esclavitud. Re­cuerda que la empresa no es el lugar donde desarrollar tu potencial, porque ya lo habrías hecho. Trabajas por lo que cobras a fin de mes, «y punto», como se suele decir en las empresas”.

2. “No vale la pena querer cambiar el sistema, oponerse a él es reforzarlo; criticarlo es darle una mayor solidez. Evi­dentemente, puedes permitirte alguna broma anarquista, por ejemplo, instituir un día de: «Llamaré a la oficina para decirles que estoy enfermo», o adoptar el siguiente lema: «Roba a la empresa porque la empresa te roba». Resulta divertido, pero la rebelión estaba bien para los críticos de los años setenta, gente que todos sabemos en qué se han convertido (en empresarios)”.

3. “Lo que haces no sirve en resumidas cuentas para nada, cualquier día pueden sustituirte por el primer idio­ta que llegue. Así pues, trabaja lo menos posible y dedica algún tiempo (pero no demasiado) a «venderte» y a «crear­te una red de contactos», con el fin de tener apoyos y ser intocable (e intocado) en caso de reestructuración de la empresa”.

4. “No te juzgarán por la forma en que hagas tu trabajo, sino por tu capacidad para adaptarte sin protestar al mo­delo promocionado. Cuanto más uses la jerga empresa­rial, más pronto creerán que estás en el ajo (en la jugada)”.

5. “Nunca, bajo ningún concepto, aceptes un cargo de responsabilidad. Te verías obligado a trabajar más, sin más contrapartida que un plus de algunos miles de euros (es decir, calderilla), y eso con suerte”.

6. “En las empresas más grandes, elige los puestos más inútiles: asesoría, consultoría técnica, investigación, estu­dio. Cuanto más inútiles sean, más difícil será cuantificar tu «contribución a la creación de riqueza de la empresa». Huye de los puestos prácticos («sobre el terreno») como de la peste. Lo ideal es terminar «apartado»: los puestos improductivos y muchas veces «transversales» no tienen consecuencias, pero tampoco sufren ningún tipo de pre­sión por parte de la jerarquía. En resumen, son un chollo (una ganga)”.

7. “Una vez «apartado», sobre todo huye de los cambios: en el nivel de los ejecutivos, solo se despide a los más ex­puestos a la vista”.

8. “Aprende a reconocer por señales discretas (detalles de vestimenta, bromas inusuales, sonrisas cálidas) a las per­sonas que, igual que tú, recelan del sistema y han com­prendido hasta qué punto es absurdo”.

9. “Cuando «controles» a personas que se encuentran en situación temporal en la empresa (contratados eventua­les, interinos, prestatarios de servicios externos...) trátalas con cordialidad, sin olvidar nunca que son las únicas que trabajan realmente”.

10. “Comprende que toda esta absurda ideología que trans­mite y fomenta la empresa no es más «verdadera» de lo que fue el materialismo dialéctico (también conocido como «diamat») que el sistema comunista erigió en nor­ma. Durará un tiempo y terminará por desmoronarse. Ya lo dijo Stalin: al final, la que gana es siempre la muerte. El problema es saber cuándo...”




...UN ANTICIPO DE VERDAD.

02 febrero, 2007

(...)


Y luego resulta que las cosas más maravillosas que me han pasado en esta vida no sirven para nada. Me pongo cursi, pero si alguien puede, que me diga para qué sirven un primer beso, una sonrisa anónima, un perdón analgésico, una estrofa de Chavela, un color de cielo, una horchata en agosto y una tortillita que te sale redondita y esponjosa.

(...)

O mejor dicho, creo ciegamente en el fracaso. Estamos hechos de fracasos. Son mayoría en nuestra vida, nos guste o no. Y negarlos es como negarse un grano, por mucho que lo ignores, ahí está y forma parte de ti, y encima éste no se puede extirpar.

Es más, creo en la diferencia entre errar y equivocarse. El primero te pasa cuando te pasa te guste o no, el segundo ocurre sólo cuando persistes en el error. Errar no es sólo humano. Es necesario para no equivocarse.

Pero es que además, el triunfo atonta. Cuando ganas, te crees que sabes por qué has ganado, y lo que es peor, te crees capaz de repetirlo. Como resultado, y porque tendemos al mínimo esfuerzo, repites fórmula. Y ahí empieza el principio del fin. Al final, un éxito esconde el pequeño e íntimo fracaso de -quizá- no haber arriesgado lo suficiente.

(...)

La continuidad está sobrevalorada. Se lo dije hace poco a una amiga para consolarla después de su ruptura, y enseguida me di cuenta de que llevaba tiempo intentándomelo decir a mí mismo. Parece que estar haciendo algo durante mucho tiempo se supone bueno ya por defecto.

Me pasa con las relaciones sentimentales. Es que llevamos quince años juntos, vosotros sólo seis. Es que un amor de diez años es muchísimo mejor que uno que lleva cinco. Ya. Pero también me ocurre en el trabajo. Al principio –como todos- no tienes ni puta idea de nada, pero enseguida, a golpe de horas, te conviertes en un experto, o como lo llaman los yankees, un especialista. Alguien que vive, come, caga y respira para hacer eso que hace, y nada más. A todo lo demás, lo llamaremos hobbie –otro invento yankee- y le dejaremos que ocupe sin remordimientos nuestro tiempo libre -contrario a tiempo esclavo-, de ahí debe venir lo de business, de busy, ocupado.

Pues no. Hay matrimonios que llevan toda la vida juntos sin conocerse y parejas que recién se encuentran en un vagón de tren y ya se conocen mejor de lo que jamás serían capaces de razonar. Y ya no digamos en el entorno laboral. Ahí no hay nada más peligroso que un perfil generalista. Alguien que no le teme al no saber nada de mucho antes que mucho de casi nada. Porque ese perfil es poliédrico, tiene más de dos dimensiones, y es difícil, cuando no imposible, de encajar en ese cuadro jerárquico que tanto conviene a nuestro bolsillo, nuestro futuro y nuestro colesterol. Encajar. Bonito concepto que de tan precioso debería estar reservado sólo a las situaciones muy especiales, como no sé, los nichos.

(...)

R.M.

PUNTO Y APARTE...


Wenas...

Llegados a esos jodidos 30 que te obligan a plantearte muchas cosas sobre tu puta vida, a priori ya he sacado una conclusion: Se han terminado las gilipolleces en THE ALX ZONE.
Y se han terminado, porque es mi blog, y cómo tal va a ser como una especie de diario en el que solo apareceran las cosas que YO considere que merecen aparecer.
Con eso voy a conseguir 2 cosas:
1. Que la gente que entraba para ver que subnormalidad había puesto el ALX en su página dejen de visitarla y,
2. Encontrar un sitio dónde poder desahogarme y expresar mis inquietudes sin importarme si le interesa a alguien o no. Si no te interesa, deja de leer, hostias.

Gracias por el apoyo que ha recibido éste BLOG, y a los muchos que os dejará de interesar... HASTA SIEMPRE.

ALX RODRÍGUEZ